Rêves à PARIS
Aquella tarde seguí el murmullo de gentes que me trajo el Viento. No entendía nada: mil idiomas nadaban revueltos en mi cabeza.
La brisa de voces me condujo hasta allí y choqué con ELLA:elegante, majestuosa y, a la vez, cansada.
Los vetustos hierros de color oxidado se elevaban entre suspiros sosteniendo con delicadeza las miradas... Definitivamente, estaban acostumbrados a su tarea.
Entonces, mis pies avanzaron ágiles entre flashes y fotos en sepia y me llevaron
hasta El final: EL FIN. El lugar en que termina París y comienza el Reino azulado de los sueños escapados. El principio del cielo.
Y por un instante, me creí el hombre más rico del mundo. Sí, ése fui yo: lo tenía todo al alcance de mis gafas. Todo.
Pero quise más.
Quise tirarme y quedarme quieto, muy quieto, mientras la ciudad se iba acercando.
Todo crecía ante mí y me iba disolviendo en una sopa de luces.
Y caía sin alas mientras los jardines lo invadían todo...
Quería caer hasta no verme,pero sin llegar al suelo: sentirme sol por un momento y bailar con el paisaje hasta abandonarlo dulcemente por un tiempo. No por siempre. Sólo por un tiempo.

1 Comments:
Lo encontré... No lo abandones! Merece la pena mantener un lugar de (des)ahogo.. (hablo por mí)
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